Democracia electoral ¿modelo en vías de extinción?

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Las pasadas elecciones del 19F se dieron en un contexto comunicacional inédito. Por un lado funcionó el conocido esquema de publicidad electoral en medios de comunicación tradicionales, que para garantizar  la igualdad de los actores, se financia con recursos estatales.

Durante aproximadamente un mes tuvimos que soportar miles y miles de “cuñas” publicitarias, cuya característica común fue la más increíble pobreza comunicacional. Sería un excelente tema de estudio académico el análisis de las piezas publicitarias y los “productos” que fueron objeto de la promoción.

La campaña pre electoral fue incapaz de posicionar en la mente del elector las  marcas políticas, y peor aún, la necesaria asociación de la marca con una determinada tendencia o posición ideológica. Se usó indiscriminadamente  “nombres de fantasía” sin contenido descriptivo (Mass, Creo, Avanza, Suma, Unidad, Cambio, Fe, Fuerza, Concertación, Unión, Compromiso, etc.), sin las claras características diferenciales que conocimos en las décadas anteriores (liberales, conservadores, socialistas, radicales, etc.), y se optó por el personalismo, que en algunos casos fue utilizado incluso desvinculado de la marca.

De este modo, el elector medio llegó el 19F a ejercer el derecho a voto sin estar informado. Un altísimo porcentaje de electores nunca conoció quienes eran los candidatos a la Asamblea Nacional y menos sus propuestas.

Sin embargo la verdadera guerra comunicacional se dio en Internet, y particularmente en las “redes sociales”.

Los recursos disponibles en internet han posibilitado la comunicación en doble vía, y permiten otorgar “voz” a cualquier individuo. Las plataformas gratuitas como Blogspot  o WordPress transforman a cualquier persona en editorialista con audiencia planetaria; y ellos hoy se cuentan  por millones, con los más diversos grados de especialización y credibilidad.

Sin embargo las plataformas “sociales” como Facebook, Twitter o Instagram responden a otros intereses; son de carácter personal y mayoritariamente “chismográfico”. Estas redes tienen la característica de ser selectivas. Sus miembros pueden elegir con quienes se comunican y a quienes escuchan, transformándose en círculos funcionales o de afinidad.

Para los que hemos transitado muy de cerca por los hitos de la (re)evolución tecnológica,  ha sido una verdadera sorpresa el constatar ciertos fenómenos que se han producido en los últimos meses en las redes sociales, relacionados con la coyuntura política ecuatoriana:

 1.- Polarización

La capacidad de “bloquear” o “silenciar” a determinados interlocutores, genera un poderoso filtro que induce a una percepción sesgada y unidimensional de la realidad, con los mismos efectos de adoctrinamiento de una “secta fanática”, por la selectividad y orientación de los contenidos recibidos, consumidos y retransmitidos. Los grupos se van construyendo y depurando por afinidad, consumiendo información manipulada, parcial, deformada, o errónea. Asumen dogmáticamente que dicha información es cierta, porque algún miembro del grupo la difundió. El resultado es la automática descalificación de los posibles interlocutores y de sus argumentos, llegando finalmente a establecer maniqueamente que el grupo al que se pertenece es el único poseedor de la verdad, frente al error y la falsedad del oponente.

2.- Información libre

La información que circula en redes sociales es prácticamente imposible de controlar y menos aún judicializar, de modo que las expresiones allí vertidas y los adjuntos  pasan a ser de dominio público sin restricción.

3.- Producción y difusión de información falsa

Documentos forjados, videos, fotografías y audios, circularon por cientos en las redes, sin verificación o comprobación alguna. Fueron retransmitidos a millones de personas, asumiéndolos como verdaderos, o como “pruebas irrefutables”.

4.- Memes

La caricaturización altamente ofensiva de personajes de la esfera pública fue un lugar común.

5.- HiperTrolling

Aunque la actividad de “troleo” (infiltrarse en grupos de discusión en forma provocativa) es una práctica común en alrededor del 6% de internautas, en los pasados meses llegamos casi a un 100% de intervenciones agresivas, ofensivas, descalificadoras y denigrantes;  utilizando un lenguaje soez y de una violencia inusitada.

6.- Video online

Los recursos disponibles en un celular inteligente permiten grabar e incluso difundir “en vivo” en las redes toda clase de eventos, que publicados o difundidos fuera de contexto o técnicamente manipulados, pueden generar reacciones sociales impredecibles. Afortunadamente ello no ocurrió, a pesar de algunos intentos fallidos.

7.- Efecto “chisme”

La información recibida y asumida como cierta, es retransmitida de inmediato copando los círculos (redes) de alta afinidad, con un efecto multiplicador exponencial, ya que en la actualidad se dispone de una alta penetración de Internet y el uso habitual de las redes sociales.

Estos pocos elementos, que son nuevos comparados con nuestra tradicional práctica política, nos llevan a cuestionar la efectividad de nuestro modelo de democracia electoral, en donde las decisiones cruciales para el futuro de la república las toma la mayoría de electores sin información, análisis ni conocimiento, de una forma totalmente emotiva. Ver: Hiper regulación.

El historiador, arqueólogo y escritor belga David Van Reybrouck (Brujas, 1971) nos alerta del fenómeno en los siguientes términos:

 “Para lo que sirven los referéndums y las elecciones es para dividir a la sociedad y tomar decisiones irracionales. Una pequeña muestra (aleatoria) representativa de toda la sociedad y bien informada puede tomar mejores decisiones”

“Podemos pasar fácilmente de un modelo que afronta los conflictos de un modo no violento a otro que los encara de manera violenta, sin apenas darnos cuenta, porque no se trataría de una transición abrupta sino gradual. Estamos ya en ese proceso de deslizamiento, y la gente no es consciente de ello. El problema es que llegados a cierto punto ese proceso de transformación puede ser muy rápido. Yo defiendo la democracia porque, a pesar de sus defectos, es el mejor sistema para afrontar los conflictos. Pero no nos damos cuenta del peligro en el que se encuentra ahora mismo. La violencia física siempre comienza con violencia verbal, y en muchos países estamos asistiendo a un fuerte incremento de la violencia verbal. Y uno de los motivos radica en que los procedimientos por los que se rige la democracia de hoy están completamente anticuados, fuera del tiempo; son procedimientos que datan de finales del siglo XVIII.”

Esto nos pondría frente a una situación de supervivencia: Es probable (o posible) que de la misma forma que necesitamos de la aprobación de un examen para obtener una licencia de conducir, en el futuro cercano necesitemos de una licencia que nos habilite para ejercer la ciudadanía.

Leonardo Hernández Walker, MBA, MPA

Gerente General

LEXIS S.A.

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