Aquellas pequeñas cosas

conectividad

La estandarización y los servicios de conectividad del Registro de Datos Públicos han permitido agrupar una considerable cantidad de entidades cuya tarea es procesar en línea las actividades de los ciudadanos. Esto se ha logrado en tiempo récord, comparándolo solamente con el tiempo que les tomó a nuestros países vecinos.

Comenzando por el Registro Civil, en muy pocos países del mundo se puede obtener un documento de identidad con chip biométrico en un par de horas, y la disponibilidad de servicios de verificación en línea de la identidad del ciudadano.

El SRI, luego de una exitosa implementación de la facturación electrónica, ha logrado almacenar y cruzar las transacciones mercantiles, habilitando de este modo una pronta declaración automática del impuesto a la renta, que estará basada en los consumos anuales de bienes y servicios.

Los Registradores de la Propiedad se encuentran conectados al Registro Civil, a los Municipios, al SRI y a las Notarías, de modo que la propiedad y la transferencia de dominio de inmuebles ha pasado a tener “trazabilidad”, desde el momento de elaboración de las escrituras.

La Superintendencia de Compañías provee de acceso público a los registros contables, a la nómina de accionistas y a los documentos que soportan la gestión de cualquier compañía, incluyendo la transferencia de títulos por venta o cesión.

El Sistema Financiero almacena todas y cada una de las transacciones monetarias, el ingreso de remesas, la salida de divisas, las deudas y los pagos; y además, mediante minería de datos, conocen con precisión nuestros hábitos de consumo.

La Secretaría de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (SENESCYT) está conectada a todas las Universidades, y registra nuestro historial académico.

En el IESS se registra la historia laboral e ingresos monetarios de todo ciudadano en relación de dependencia, y adicionalmente, la institución se encuentra conectada con el Ministerio del Trabajo, para el registro de contratos y la tutela de derechos.

La Policía Nacional, conectada con el Ministerio del Interior y la Función Judicial, registran los impedimentos de salida del país y el  movimiento migratorio de ciudadanos y extranjeros, junto al sistema mundial de alerta de Interpol.

En la Función Judicial se registran y almacenan cada uno de los procesos judiciales, las actuaciones de las partes en litigio y las decisiones del juez; otorgando acceso libre on line a cualquier expediente judicial de cualquier judicatura del país (con las respectivas restricciones que define la ley). Su conexión con los Registros de la Propiedad y Superintendencia de Bancos permiten efectivizar de forma instantánea las medidas cautelares.

El ECU 911 dispone de miles de cámaras de vigilancia, que en caso de actos delictivos, accidentes o eventos catastróficos permiten activar de inmediato las unidades de respuesta y auxilio más cercanas al hecho, mediante localización por GPS.

La Agencia Nacional de Tránsito otorga las licencias de conductor en menos de una hora; y la matriculación (registro de la propiedad de un vehículo) se encuentra enlazada con el SRI y el Registro de la Propiedad. Los “foto radares” y los peajes automatizados identifican la placa del vehículo para cobrar las respectivas multas.

En suma, casi la totalidad de actividades que desarrollamos en el ejercicio de la ciudadanía se encuentran registradas en bases de datos. Y son de acceso público. La disponibilidad de información almacenada en lo que se denomiga “Big Data” es procesable mediante sofisticadas herramientas de cruce de información, que permiten actualmente determinar el orígen y el destino de cada dólar; y además, verificar la existencia de comportamientos evasivos, elusivos, o contrarios a la ley.

Sin embargo, y a pesar de la extraordinaria eficiencia tecnológica en el registro, acceso, conectividad, recaudación y análisis, nos topamos con “aquellas pequeñas cosas” que ponen de manifiesto que la inteligencia artificial difícilmente puede competir con la estupidez natural:

La placa del vehículo es su identificación, y durante años se ha planteado que ningún vehículo puede circular sin placas. Ante infracciones o accidentes, ella debe ser fácilmente legible por personas y por sensores.

¿Alguien podría explicarnos la razón de la demora de al menos CUATRO MESES en la entrega de placas? ¿Y que para circular se la sustituya por un papel ilegible pegado tras los vidrios del vehiculo?.  La tecnología está disponible para producir miles de placas por hora, y su costo finalmente lo paga el usuario.

Leonardo Hernández Walker, MBA, MPA

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